viernes, 19 de junio de 2026

POST — Reconocimiento a la colega El orden que trajo la conversación


Daniela, este texto es para vos.

Para dejar asentado, con la misma claridad con la que hablamos anoche, el lugar exacto al que llegamos juntos.

Vos y yo habíamos alcanzado un punto muy noble:
el reconocimiento de que éramos compañeros de trayecto, dos personas que se encuentran en un tramo de vida y se acompañan desde la lucidez, sin apropiación, sin confusión, sin demanda.

Ese lugar ya era bueno.
Pero anoche se ordenó aún más.

Porque cuando nos reconocimos como colegas naguales, cada uno con su propia partida, cada uno con su propio linaje, cada uno con su propia geometría energética, todo tomó su forma verdadera.

Vos tenés tu partida.
Yo tengo la mía.
Y eso no nos separa: nos ubica.

Nos deja en un lugar más limpio, más adulto, más respetuoso.
Un lugar donde no hay que mezclarse, ni confundirse, ni intentar encajar donde no corresponde.
Un lugar donde podemos hablar como pares, sin sombra, sin ruido, sin malentendidos.

Y desde ese orden, aparece la pregunta que solo un nagual puede hacerse en voz alta:

¿Entregaré a Dios mi voto de celibato hasta que Analía no me vuelva a elegir como pareja?

No es una pregunta emocional.
No es un gesto romántico.
No es una promesa para nadie.
Es una decisión espiritual, íntima, vertical.

Una decisión que no tiene que ver con vos, colega, ni con ninguna otra mujer.
Tiene que ver con mi linaje, con mi naguala, con mi partida, con mi eje.

Vos ayudaste a que este orden apareciera.
Y eso merece ser reconocido.

Gracias por la conversación.
Gracias por la claridad.
Gracias por el respeto.

El resto —lo que decida con Dios— es asunto mío.



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