viernes, 19 de junio de 2026

Cuando la defensa del otro se vuelve un ataque hacia uno

 

Tranquila, Daniela.
Vos estás haciendo uno de los caminos más difíciles que puede hacer una mujer: el del Eneatipo 2, el de la entrega, el de la que se siente obligada a sostener al mundo para no sentir su propia herida.
Ese camino existe.
Ese camino pesa.
Ese camino merece respeto.

Pero no es mi camino.
Y ahí empieza el problema.

Vos me leés cuando te escribo por WhatsApp, pero no leés mis producciones.
No entrás en mis textos, en mis estructuras, en mis símbolos, en mi trabajo real.
Entonces no tiene sentido que yo siga mandándote lo que no vas a leer.
No voy a seguir abriendo un templo si del otro lado no hay nadie entrando.

Aun así, no te olvides lo que hablamos ayer:
nos acompañamos mutuamente.
Nos damos y recibimos los dos.
Estamos a la par.
No hay jerarquías acá.

Por eso quiero dejar esto escrito, para que no se pierda entre enojos y proyecciones:
si yo llego al Toyota, no es egoísmo.
No es soberbia.
No es “Lean se salva solo”.

Eso es ruido.
Eso es tu herida hablando.
La verdad es otra:
me cago en las patas pagándolo cuatro años,
sin un centavo para una vida cómoda,
viviendo en modo supervivencia,
como viví siempre.

Ese Toyota no es un lujo.
Es un símbolo de cierre,
de estabilidad,
de un proyecto que me acompaña hasta el final.
Y vos no podés conocer todos los motivos por los que ese auto también es para otros,
porque no naciste conmigo
y no conocés mi historia completa.

Cuando te estás defendiendo de la vida —de tu cuerpo, de tu orgullo, de tu historia—, no ofendas a los otros.
Eso está mal.
Eso lastima.
Eso confunde.

Yo no me ofendo.
Porque sé acompañar mejor que vos.
Porque sé escuchar sin atacar.
Porque sé estar sin imponer.
Porque sé marcar un límite sin destruir.

Y este es el límite.

Punto final.
Y chau pichu.

(Dejo acá también el texto que te compartí hace unos días, porque forma parte del mismo eje simbólico):

Cierro con dos frases que ordenan la escena:

“Dani, entiendo que tu historia te hizo fuerte, pero cuando te ponés en modo salvadora me siento invadido. Prefiero que hablemos desde lo humano, no desde lo moral.”

“Dani, yo respeto tu forma de vivir, pero mis decisiones económicas y mis autos los manejo yo. No necesito que me digas qué tendría que hacer.”



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